Gràcia fue un municipio independiente hasta finales del siglo XIX, y se nota. La Vila de Gràcia conserva una trama de calles estrechas y plazas que funcionan como salones al aire libre: la Plaça del Sol, la de la Virreina o la de la Vila, con su torre del reloj. Tiene comercio de toda la vida, mercados, cines, librerías y una vida asociativa muy activa, que cada agosto se vuelca en la Festa Major, cuando los vecinos decoran sus calles. Más arriba, la Salut, el Coll y Vallcarca son barrios más residenciales y tranquilos, en la falda de los parques que rodean el Park Güell.
Los edificios son más bajos y variados que en el Eixample: fincas de pocas plantas, casitas de planta baja y piso, pisos con terrado compartido y algunas joyas modernistas, como la Casa Vicens de Gaudí. Muchos edificios no tienen ascensor, y los pisos suelen ser más recogidos, con mucho encanto y, en ocasiones, con detalles originales que vale la pena conservar en una reforma.
Gràcia atrae a jóvenes profesionales, creativos y parejas que quieren ambiente de barrio sin salir de la ciudad, y a muchos extranjeros que se enamoran de su vida de plaza. También a familias que valoran poder hacerlo todo a pie. Está a un paseo de Passeig de Gràcia y del Park Güell, y el metro y los Ferrocarrils la conectan con el centro en pocos minutos.
En Gràcia los pisos que de verdad merecen la pena se mueven rápido. Le ayudamos a tenerlo todo preparado para decidir a tiempo, y a distinguir el encanto real de lo que solo luce bien en las fotos.